«Un acto de intensidad» (Salinas Grandes de Jujuy, 1998)
An act of intensity marks the conceptual foundation of «The Cycle of Intensity.» Set in Jujuy’s salt flats, this 1998 work bridges individual research and the collective actions of the experimental art collective Ar Detroy. Confronting the hostility of an impenetrable and hyper-arid white desert, the project channels a profound attraction to the abyss that once seduced Romantic artists. Placed within an ungraspable horizon, the human figures face the vastness of the universe, transforming an isolating physical experience into an existential exploration of life, void, and metaphysical inquiry.

Un acto de intensidad, Ar Detroy
Salinas Grandes de Jujuy, 1998
Working Process & The Poetics of Slowness
The creation of the project stems from a real, prolonged isolation within the severe geography of the salt flats. For days, the members of Ar Detroy remained detached from the world, with no other horizon than the blinding terrain and their collective solitude. This extreme performance was translated into a multi-screen video polyptych reminiscent of medieval altarpieces. Subverting the electronic media of the late 1990s, the visual process opposes the traditional «aesthetics of disappearance» and speed. Instead, it introduces a rigorous practice of persistence and a poetics of slowness. The radical stillness of the camera forces a confrontation with the «here and now» of the action, mirroring the viewer’s own contemplative gaze.


In its deepest sense, the artistic gesture in «Un acto de intensidad» is both extreme and infinitesimally small against the backdrop of an eternal landscape. Featuring the striking image of a boat stranded in the desert—evoking Caspar David Friedrich’s desolate romantic spirit—the installation captures the contemporary anxiety of mankind lost in the immensity of the cosmos. Faced with the permanent crust of the salt flat, every human action is fleeting. Yet, it is precisely within this vital commitment and vehemence that a minimal action becomes boundless. The project stands as a profound monument to inner experience: a transient, unrepeatable act of vital affirmation that bridges human existence with the infinite.
«As if we were time itself, we measure everything by our own existence…»
Ar Detroy
Un acto de intensidad
Ar Detroy, 2008
Salinas Grandes de Jujuy
Altiplano
A project by
Ar Detroy
Directed & Written by
Charly Nijensohn
With the support of
Fundación Antorchas
«Un acto de intensidad»
realizada en 1998 por el colectivo Ar Detroy
(Leandro Perez, Ariel Pumares, Marcelo Valiente, Miguel Mitlag,
Carlo Pelella, Juan Manuel Salas, Charly Nijensohn)
THX:
Marula Di Como
Guillermo Costanzo
Ar Detroy
Un acto de intensidad
Video Instalación
Horizontes de sal.
Lic. Rodrigo Alonso
«Andando no encontrarás los límites del alma, aunque recorras cualquier camino. Así de profundo es su fundamento…» Heráclito (DK 45).
Si la imagen de un desierto puede resultar desoladora, qué decir de las inconmensurables extensiones de un desierto de sal. Los dorados confines de arena, resplandecientes y fluidos, hogar de algunas especies de vida fronterizas, son quizás menos contundentes que las quebradas e impenetrables superficies salinas, menos abismales que sus inaprensibles horizontes blancos.
Desde sus primeras producciones, el grupo Ar Detroy practica la atracción por el abismo que sedujo a los artistas románticos. Muchos de sus videos -como Abismo (de los hombres), Ecos del silencio en el mundo o Diez hombres solos -así parecen señalarlo, pero son las sutiles tensiones internas y la inusitada intensidad de las imágenes las que mejor transmiten sus constantes enfrentamientos con el vacío. Las búsquedas espirituales son recurrentes, como lo son los interrogantes metafísicos, traducidos en conflictos con el mundo exterior, con la inmensidad del universo o con una realidad cotidiana y alienante. Consecuencias de una existencia que sobrepasa las aptitudes del hombre y que no puede comprenderse en toda su dimensión.
Un acto de intensidad parte de un enfrentamiento real con esa naturaleza hostil. Los integrantes del grupo permanecen durante largos días aislados en medio de un desierto de sal, sin otro horizonte que la aridez del terreno, la soledad propia y la de sus compañeros. El resultado de esa performance constituye la base de este políptico de reminiscencias medievales, que traduce sus imágenes en símbolos de potente pregnancia.
El protagonismo del acto imprime su sentido sobre la composición audiovisual, subvirtiendo la naturaleza del medio. A la «estética de la desaparición» propia de la imagen electrónica se opone una práctica de la persistencia; a la estética de la velocidad, una poética del retardo. La inmediatez de la acción, su aquí y ahora, niega la mediatización del registro, apelando a la presencia del espectador en el espejo de su acto contemplativo.
Pero incluso el acto es superado por la fuerza del símbolo. Hay una espera que no se satisface y una labor que no rinde frutos. Hay una imagen imponente del desierto y otra no menos imponente, de un barco encallado en ese paisaje. ¿Cómo no recordar «El naufragio de La Esperanza» de Caspar David Friedrich; cómo no evocar ese desolado espíritu romántico, igualmente atónito ante la soledad y la desesperanza del hombre contemporáneo perdido en la inconmensurabilidad del universo?.
La acción es arriesgada, extrema, pero al mismo tiempo insignificante: esa salina ha permanecido allí, incólumne, por un tiempo infinitamente más prolongado. Cualquier acto del hombre en ese contexto no es sino infinitamente pequeño, infinitesimal (otro de los abismos que ha cercado a la humanidad, uno de los mayores desvelos de Pascal):
Ante la naturaleza eterna, todo acto humano es instantáneo; la vida misma no es sino una estela de ese instante fugaz. Tal vez sea por eso que el único parámetro que exime el trabajo realizado de su insignificancia, el único valor para tamaño esfuerzo, sea que se constituya en un acto de intensidad, una apuesta a la experiencia interior e irrepetible, desligada de la geografía y la cronología de este mundo, un acto de afirmación vital.
Es en ese compromiso mayor, en esa vehemencia, que una mínima acción puede ser ilimitada y trascendente. Porque vincula a la existencia con su contracara, la nada; porque conjura al cosmos en un instante de afirmación total. Porque excede los límites del tiempo y del espacio -los límites que también desconoce el alma- reclamando toda la intensidad del momento de la experiencia, reforzando la universalidad de un acto terrestre y humano, ya que, al decir del sabio, «el cielo, el cielo de los cielos, no te contiene» (I Reyes, 8, 27).